Catar un vino es una práctica muy recurrente para comprobar sus características e impresiones. Consiste en someterlo a nuestros sentidos: olfato, vista y sobre todo gusto. Pero, lo que seguramente no sabías es que hay varios tipos de cata; cata vertical, cata a ciegas y cata horizontal. Ésta última, es a la que vamos a prestar mayor atención hoy.

¿Qué es una cata vertical?
En una cata vertical se analizan las diferentes añadas de un mismo vino. Tienen como fin comprobar la calidad de conservación, la capacidad de evolución y su poder de envejecimiento. Suelen ser catas rigurosas, técnicas y llevadas a cabo por bodegas, consejos reguladores o grupos de investigación. Por lo general se realizan con vinos muy especiales, con grandes vinos y de gran calidad.
Lo más común es comenzar una cata vertical por el vino más antiguo, e ir probando poco a poco hasta llegar al más actual. No obstante este orden puede variar, y comenzar desde el más joven, dependiendo del objetivo, catador, etc.

En el lado opuesto se encuentran las catas horizontales. Consiste en probar varios vinos, de la misma añada y denominación de origen, pero de bodegas distintas. Incluso se tienden a elegir aquellos que están elaborados a partir de la misma variedad de uva. El objetivo es analizar cómo ha evolucionado cada uno de ellos y de qué forma influye el microclima de cada bodega en su sabor.
Las catas a ciegas son otro tipo de cata de vinos en las que se prueban sin ver la etiqueta. Es decir, se valora el vino únicamente por lo que es, ya que no se tienen referencias previas.
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